
lunes, 12 de abril de 2010
LA NECESIDAD DE LA DISCIPLINA PARA FORMAR NIÑOS OBEDIENTES

EDADES Y JUEGOS
| A esta edad.... | Tipos de juguetes | |||
|
| |||
Juego y familia | ||||
| ||||
| A esta edad.... | Tipos de juguetes | |||
|
| |||
Juego y familia | ||||
| ||||
¿Es realmente importante jugar en familia?

Jugar en familia ayuda a construir una relación familiar sólida y duradera. El juego entre padres e hijos, entre hermanos, entre abuelos y nietos ayuda a fortalecer la complicidad entre los miembros de la familia, abre vías de comunicación, permite exteriorizar las expresiones de afecto, deja aflorar las emociones de una forma natural y espontánea. Aprende a jugar con tus hijos: estar con los niños y niñas mientras juegan es importante, pero no es suficiente.
¿Por qué es tan importante que juguemos con nuestros niños?
Según el Informe “Jugar en familia” de la Fundación Crecer Jugando, jugar comunica y transmite valores: Aprender a esperar, a resignarse, a tolerar, aprender a disfrutar con la ganancia del otro, saber perder... “Es un camino de convivencias, de amor recíproco, de vida amorosamente compartida. Una infancia que se vive con ejemplos respetuosos de los deseos de los demás, pequeños o adultos, genera la mejor matriz para el comportamiento social y es muy difícil, cualquiera que sean las circunstancias a vivir, que las personas alteren este legado familiar”.
Jugar no es acompañar a tus hijos, no es mirar como juegan, no es ayudar. Jugar exige algo más: implica diversión, disfrute, participación plena... Para los niños el juego, más que una forma de evitar el aburrimiento, es una manera de expresarse. Compitiendo o colaborando, luchando o estableciendo reglas, los niños nos dicen mucho de lo que piensan y de cómo quieren relacionarse con los demás. Como padres no podemos pasar por alto las grandes posibilidades de comunicación y encuentro que nos da el juego. Aquí no valen las excusas de que “estoy cansado después de tanto trabajo”. Jugar con un niño es más relajante y divertido que ver la televisión. No es una actividad que requiera esfuerzo pero sí ganas.
Darle un juego al niño y dejar de preocuparnos un rato es necesario en algunos momentos, pero no debe ser la norma habitual. El juego no nos libra del niño, nos muestra cómo es, qué es lo que le hace disfrutar, qué capacidad tiene para inventar y buscar soluciones creativas, si le cuesta tomar decisiones…
La demostración del afecto, del cariño, del malestar; en definitiva, la demostración de las emociones dentro de la familia mediante una buena comunicación, es síntoma de un buen clima familiar. El juego y el juguete se han revelado como unos excelentes aliados de los padres para mantener esta comunicación. A lo largo de todos estos años, muchos son los estudios que han demostrado la validez del juego y el juguete, tanto como actividad natural y propia de la infancia, como actividad didáctica al servicio del aprendizaje y el desarrollo del niño.
Jugar es una excelente posibilidad, una excelente “técnica” al servicio de los padres, para fomentar en los niños las actitudes necesarias y para que administren su tiempo de ocio de un modo positivo. Además de ser un juego en sí, es una perfecta acción familiar:
• Jugar es una acción divertida y placentera que favorece el desarrollo de actitudes lúdicas ante la vida. • Jugar es la puerta de entrada y salida de la realidad. Permite a la persona ser libre, decidir ante situaciones ficticias sin que pase nada. • Jugar es hacer un ensayo de la realidad siendo consciente de lo ficticio de la situación, aunque la situación se viva de un modo muy real. Permite voluntariamente ser otro o ser uno mismo actuando de un modo diferente o en otras circunstancias. • Jugar supone estar activo, tomar decisiones, implicarse y estar motivado. • Jugar es mostrarse cada uno tal y como es, desde el interior de cada persona, desde su propio origen. • Jugar facilita el encuentro con los otros y con el entorno. Es uno de los actos sociales y socializadores por excelencia. • Jugar refuerza la capacidad empática de ponerse en el lugar del otro. Capacidad que por excelencia tiene la madre al percibir las necesidades y sentimientos de los hijos, y la capacidad de los hijos de percibir las preocupaciones, alegrías o inquietudes de sus padres. • Jugar evita momentos de aburrimiento, renueva energía, repone del cansancio y proporciona momentos de distensión y relajación.
Jugar desarrolla la capacidad de disfrutar, de “sacarle juego” a las cosas más cotidianas de la vida y hacer especiales momentos, que tal vez por sí mismos no dejarían de ser una actividad normal. Hablar de jugar juntos no significa necesariamente jugar en un espacio predeterminado. El juego puede nacer de cualquier momento, de cualquier circunstancia y en cualquier espacio. Un viaje, el camino hacia el colegio, una sala de espera, la cola del supermercado, una salida al campo o un paseo por la ciudad pueden ser un buen escenario para unos juegos de palabras o de ingenio, unas carreras, unos juegos de memoria, etc. En definitiva, todo espacio es adecuado para improvisar y provocar el acto de jugar. Toda ocasión es idónea para disfrutar jugando. Planificar juntos las actividades desde que son pequeños ayudará a encontrar el equilibrio entre el tiempo para todos y el tiempo de uno mismo. Además, permitirá a los padres descubrir qué actividades les gustan, les interesa o les aburren. Por otro lado, planificar lo que vamos a hacer juntos, les hará sentir partícipes de las acciones familiares y se sentirán parte implicada de la familia.
Algunas ideas… Adivinar los colores (2 - 5 años) Muy útil en supermercados, salas de espera... Potencia el aprendizaje de los colores y las relaciones entre las cosas. Necesitamos varios objetos de colores básicos. Se coge un color y se pide que diga todos los objetos que ve de ese color. O también se pueden coger unos cuantos objetos de varios colores y se tapan con un trapo. Se saca uno y se pregunta de qué color es, que traiga otros objetos de ese color, que diga o recuerde cosas de ese color... Puedes cambiarlo (3 - 8 años) Potencia el pensamiento lógico. Consiste en decir frases y que los niños decidan si los objetos o actos se pueden cambiar. Por ejemplo "el color de los ojos" (no se puede cambiar); "las plantas de un jardín" (sí se pueden cambiar).
Jugar ¿hasta cuándo?
Los roles de los adultos en la familia, en relación al juego compartido con los hijos, van cambiando a lo largo del crecimiento. A lo largo de toda la vida el papel de los padres es ayudar en el desarrollo de sus hijos. Respecto al juego, durante la primera infancia, la ayuda es la función más importante.
- De 0 a 2 años: Jugar juntos es la mejor forma de conoceros mutuamente, ya que el juego para los niños es una forma de expresión y comunicación, de aumentar su autoestima y estrechar vuestros vínculos afectivos. En la edad temprana ayudaremos a que vaya acercándose al mundo a través de sus sentidos, a que extraiga todas las posibilidades lúdicas de un juguete, en definitiva; a que descubra nuevas experiencias. Nuestro papel de ayuda se referirá más a motivar y a favorecer un tipo de juego determinado.
- De 3 a 4 años: Acompañaremos más en el juego. Seguiremos guiando y motivando, pero jugaremos compartiendo, no sólo ayudando. En esta edad, la clave para jugar con ellos es la imaginación: es necesario ser capaz de transformarse en lobo, en pirata... y asumir papeles de la vida real: peluquero, médico... Jugar a hacer como sí... - A partir de los 6-7 años: El compartir se convierte en algo más. Es colaborar, es competir, es favorecer un juego en el que permitamos a nuestros hijos que se sientan más iguales en el juego, donde respetemos las normas y ayudemos a que se respeten. Donde ellos puedan mostrarse tal como son.
- A partir de los 9 años: Nos convertiremos en auténticos compañeros de juego. Ya no es tan importante el que motivemos, sino el que nos perciban como jugadores entregados, tanto a la competición como a la cooperación.
jueves, 8 de abril de 2010
miércoles, 7 de abril de 2010
TEMA A DEBATE Los límites de la educación

¿Hay que poner límites a nuestros hijos? Este es un tema que ha resultado polémico en algunos grupos en este comienzo de esta primera edición de PRIMERAS LETRAS.
Si bien ya lo hemos comentado y vemos que hay opiniones para todos los gustos, en el weblog planteamos este tema como PRIMER FORO debate DEL WEBLOG de PRIMERAS LETRAS.
Te aportamos este documento de MIGUEL COSTA, Los límites en la educación infantil UNA NECESIDAD PARA EL APRENDIZAJE Y SOCIALIZACIÓN. para que lo leas y reflexiones y haciendo click en la parte de abajo en COMENTARIOS esperamos tus opiniones y cualquiera puede entrar y rebatir la opinion del otro o sumarse con nuevos argumentos. Como dicen en el Tribunal de las Aguas en Valencia "! Parle voste I calle voste !" Que traducido sería mas o menos HABLE USTED Y CALLE USTED.
LOS LIMITES DE LA EDUCACION
El por qué y para qué de los limites en la educación infantil
Establecer límites a los hijos y alumnos es una manera de demostrarles nuestra amor y preocupación. Con ello les distinguimos e indicamos que les estamos cuidando así como deseamos su seguridad. Los límites son como: · Las barandillas de un puente que nos proporcionan un sentimiento de seguridad y de control. · Las "señales de tráfico" o reguladores del comportamiento y nos enseñan también a actuar responsable-mente con los otros.
Cuando no existen limites o estos son muy blandos o inconsistentes
1. Existe el riesgo de que los niños desarrollen desajustes importantes en su comportamiento. Patterson y sus colegas en el Centro de Aprendizaje Social de Oregón observaron con gran detalle la conducta agresiva de los niños en casa y encontraron que sus familias diferían de las familias de niños normales, entre otros aspectos en los siguientes:
· Los padres de niños agresivos mostraron una falta de consistencia en la disciplina con sus hijos. · Aunque los padres usaron el castigo muy a menudo, este no fue efectivo porque no estuvo claramente aso-ciado con la trasgresión o porque, cuando el niño contraatacó, los padres finalmente le concedieron sus de-mandas. · Falta de supervisión o monitorización
2. Los niños ignoran o están en desacuerdo con las demandas de los padres y/o educadores 3. Los niños no se responsabilizan de su comportamiento 4. No se promueve la competencia social 5. El ambiente de aprendizaje y de socialización resulta impredecible y no es orientador y regulador.
¿A qué clase de limites nos referimos?
Cualquier limite establecido debería ser por la seguridad, bienestar y desarrollo del niño. Son límites orienta-dos a: · Proteger al niño del daño físico: mantener a un niño alejado de cualquier peligro o situación de alto riesgo para su integridad física. · Proteger a los niños y a otros del dalo psicológico: ayudarles a que aprendan como respetar los derechos, sentimientos e ideas de otros · Promover su aprendizaje y desarrollo: ayudarles a entender que debe haber un tiempo para jugar y otro para comer, descansar, estudiar,...
Limitar los límites
1. No hacer normas por hacer normas.- Demasiadas normas pueden abrumar y suscitar rechazo. Para ser efectivo, hemos de "poner limites a nuestras demandas excesivas de poner 'imites" y centrarnos solo en aquellas normas que creamos son importantes.
2. Centrarse en límites realmente importantes.- La siguiente guía de preguntas puede resultar de utilidad
· ¿Es esta norma realmente importante?. · ¿Refleja esta norma un valor importante o refleja mas bien un prejuicio o arbitrariedad?. Por ejemplo, ¿qué es más importante, el que insista en que mi hijo se coma todo lo del plato, vista determinadas ropas, o se asocie con una persona particular, o impedir que destruya el juguete de un amigo? · ¿Cuál será su reacción ante un limite excesivo o arbitrario?, ¿estaré en condiciones de manejar los conflictos derivados si mi hijo no hace caso de ese tipo de limites?.
Establecer límites razonables
1. Considera si tu hijo es capaz de hacer aquello que se espera de él. No es razonable, por ejemplo:
· Pedir a un niño que mantenga su cuarto limpio. · Esperar que un niño bullicioso de 10 años siempre recuerde sus modales a la hora de comer. · Prohibir a un niño mojar la cama durante la noche no es razonable a cualquier edad porque los niños no tienen control sobre sus esfínteres mientras duermen. · Negar a un niño el derecho a experimentar emociones tales como la irritación o cólera y miedo porque estos sentimientos son a menudo naturales, respuestas saludables a situaciones difíciles. · Un limite es razonable cuando tiene probabilidad de que los niños tengan éxito en su cumplimiento.
2. Poner limites no razonables puede tener efectos negativos
· Los niños, si confían en sus padres, pueden concluir que hay algo malo con ellos y desarrollan bajos niveles de autoestima. · Si llegan a ser conscientes de lo injusto de los limites, pueden perder el respeto a sus padres y llegar a ser desconfiados de la autoridad de todos los adultos. · Los niños pueden llegar a estar de un humor variable, depresivos e incluso irritados e insolentes
Cómo establecer límites
1. Ser claro y específico.- Los límites han de ser claros, específicos, sencillos y positivos. De esta manera se informa a los hijos lo que se espera de ellos y cuándo. Así por ejemplo, decir a tu hijo "después de comer, tira los restos de comida en el cubo de la basura, pon los platos sucios en el fregadero y quita el mantel", es pro-bable que sepa exactamente lo que se espera que haga. En cambio, decirle, limpia todo, es vago y no informa con tanta precisión.
2. Informar de las circunstancias en que se aplica cuando se establece un límite, el niño debería conocer claramente el momento en que se aplica y sus circunstancias. Por ejemplo, "Nunca juegues en la calle"; o "No tenemos suficiente dinero, por lo que no hay helado hoy"; "No vayas a casa de Billy a la hora de la cena. Ellos están muy ocupados".
3. Deben formularse de manera positiva. Deben informar de lo que hay que hacer en lugar de lo que no hay que hacer. Así por ejemplo, decir "cuando te sientes pon la espalda recta, erguida", en lugar de "no te sientes así encorvado". Cuando un niño llega a estar irritado y actúa destructivamente, los padres tienen probabilidad de pensar primero en los limites negativos: por ejemplo, No me hables de ese modo!!; ¡No hagas daño a tu her-mano!; ¡No tires las cosas!. Pero los niños también necesitan limites positivos para ayudarles a tratar con sus emociones. Al lado de los "no hagas..", un padre puede también decir, por ejemplo, "Cuando te enfades, dime cómo te sientes"; Esto muestra a un niño otro modo de manejar el enfado o irritación.
4. Ser firme.- Mostrarse amable pero firme es una buena manera de que nuestros hijos nos presten atención y sigan nuestras instrucciones:
· Sostenerle quieto por los hombros mientras le das las instrucciones. · Mirarle directo a los ojos. · Hablarle de una manera clara y con un tono de voz firme.
· Deja que su rostro parezca sereno mientras le habla. · Insistir en ser atendido y obedecido a una instrucción razonable.
5. Ser consistente. - Los límites deben hacerse cumplir de manera consistente es decir, deben cumplirse siempre que las circunstancias sean las mismas. No obstante, si estas cambian, los limites deberían ser revisados. Si los limites se aplican de manera inconsistente puede generar confusión en los niños. Así por ejemplo, si un día se le prohibe a un niño que utilice la navaja, al otro día se le permite hacerlo y otro día se le castiga por utilizarlas, el niño nunca sabrá lo que realmente se espera de él.
6. Incorpora a los niños en el establecimiento de limites.- De esta manera se tiene más probabilidad de ganar su cooperación en el seguimiento de normas al mismo tiempo que se les provee de experiencia y práctica en la toma de decisiones Así, y hablando con ellos acerca de los problemas y la importancia de los limites y normas como gulas del propio comportamiento, se facilita el desarrollo del autocontrol y autodirección.
Si los límites son ignorados
1. Un retiro de atención razonable
· No te des por enterado de las palabrotas, comentarios groseros y protestas · Ignora, siempre que sea posible, las rabietas, gritos, chillidos, y salte o márchate y deja a tu hijo sin una audiencia. Sigue con tus propios asuntos, por ejemplo, saca la aspiradora de tal modo que las rabietas del niño no puedan ser oídas. · Si realmente es importante que te obedezca, muéstrale a tu hijo lo que tu quieres decir con lo que dices; colócate firme sobre él y repite la instrucción con firmeza y alzando la voz (no chillando), y también con mirada penetrante.
2. Dar instrucciones y órdenes
· Dar órdenes breves y certeras · Dar una orden por tiempo · Usa órdenes que claramente especifiquen la conducta deseada · Se realista en tus expectativas y usa ordenes apropiadas a la edad · No use órdenes de "parar"; usa órdenes de "hacer" · Usa las órdenes de manera cortés · No des órdenes innecesarias · No atemorices a los niños · Usa órdenes "cuando-después" ("Cuando hayas ordenado, después puedes irte a jugar") · Da a los niños opciones siempre que sea posible · Da a los niños amplia oportunidad para cumplir · Elogia el acuerdo o seguimiento o provee de consecuencias por el no seguimiento · Da advertencias y recuerdos útiles · Apoya las órdenes de tu pareja · Haz un balance entre el control parental y el del niño · Alumno a la solución de problemas con tu hijo.
3. Examina tus limites. Pregúntate lo siguiente
· Son verdaderamente importantes? · ¿Son razonables y justos? · ¿Están suficientemente claras para que el niño las comprenda?. · ¿Informan al niño de lo que hay que hacer así como de lo que no hay que hacer? · ¿Los aplicas y haces cumplir de una manera consistente? · ¿Animas a tus hijos a establecer sus propios limites?

